viernes, 9 de diciembre de 2016

Lavaderos públicos de Mantiel

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Fotografías realizadas por Beatriz Díaz en diciembre de 2015 en Mantiel, municipio de Guadalajara, situado en la zona denominada "La Alcarria". Castilla-La Mancha



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3 comentarios:

  1. LAVADEROS DE LOS CAMPOS CORUCHOS

    En rupestres lavaderos
    de manantiales ignotos,
    desde los tiempos remotos
    tenían sus tendederos.

    Covanillo a la cintura
    llenos de ropas revueltas,
    y cansadas, ya resueltas
    en busca del agua pura.

    Las charcas en el invierno
    tapizadas por el hielo,
    con visión de desconsuelo
    producían frío interno.

    En el borde arrodilladas
    del pastizal de las charcas,
    se destacaban las marcas
    sobre las manos hinchadas.

    Sobre una lancha la ropa
    vigorosas la lavaban,
    y ver que pronto acababan
    y en casa cocer la sopa.

    La tendían sobre arbustos
    o sobre piedras roqueñas,
    dédalos de nuestra peñas
    arquitectas de sus gustos.

    En pompas vuelto el jabón
    deslizaba la corriente,
    corriendo a tambor batiente
    arrastrando algún calzón.

    Los campos eran ornatos
    de mujeres lavanderas,
    adorno de sus praderas
    narradoras de relatos.

    Las charcas en primavera
    circundadas por las flores,
    explosión de los colores
    alfombrando su ribera.

    Las alegres campanillas
    y las blancas margaritas
    y plantas hermafroditas
    mosaico de maravillas.

    Lavanderas bajo el Puente
    que os contempló en el trabajo,
    deslizándose hacia el Tajo
    siempre que tuvo corriente.

    En el "Mancho" lavanderas
    y también en "Canto el Guarro",
    donde siempre hubo barro
    y jamas hubo veredas.

    Los covanillos colmados
    con la ropa bien oliente,
    volviendo resplandeciente
    a los tálamos amados.

    Ropas airearon vientos
    sobre las pardas campiñas,
    y adornaron nuestras viñas
    atuendos de Cenicientos.

    Sturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  2. LA VIDA EN LA PLAZUELA
    Las tardes de costura

    Cuando el buen tiempo empezaba,
    solecillo de la tarde,
    hasta el perro se espulgaba
    de pulgas haciendo alarde.

    Se sentaban las vecinas
    en las sillas de espadañas,
    terminadas las cocinas,
    pertrechadas de sus lañas.

    Sacaban los covanillos,
    tijeras y costureros
    manos fuertes sin anillos
    de los trabajos camperos.

    Pues las mujeres coruchas
    eran duras y eran fuertes,
    y laboriosas y duchas,
    en toda clase de suertes.

    Para un roto y descosido
    se encontraban cinceladas,
    desde hacer un buen cocido
    hasta segar la cebadas.

    Eran tiempos de remiendos,
    de culeras y zurcidos.
    Hablar de siembras y arriendos,
    sucesos de tiempos idos.

    Zurcidos de pantalones
    y dar la vuelta a camisas,
    también cantaban canciones
    y penas y también risas.

    Mientras tanto los muchachos
    con los balones de goma,
    que se caían a cachos,
    siempre estábamos de broma.

    "¡Mirad que son maldecíos!",
    protestaban las más viejas.
    "¡Veréis si estos escacíos!",
    nos dan en toas las cejas!".

    Manejaban las agujas
    haciendo prendas de lana,
    en aquellas tardes brujas
    de sol sobre la ventana.

    Los jerséis para el invierno
    deshilando las madejas,
    llevando bien el gobierno
    sobre las lanas guedejas.

    Las labores de ganchillo
    como ornatos y tapetes,
    se sacaban del bolsillo
    y nos ponían en bretes.

    Solicitaban ayudas
    al desmadejar los hilos,
    y con las frases más crudas
    las teníamos en vilos.

    "¡Paraos ya perlesías,
    venid y extender los brazos.
    Dejaos de golferías
    para marcar bien los trazos!".

    La lana rodaba al suelo
    esparciendo las hilachas,
    y todo entre un gran revuelo
    en las más diversas fachas.

    Y al declive de la tarde
    con el fresco vientecillo
    con un simple,"¡Dios os guarde!",
    se cerraba el ventanillo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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