miércoles, 11 de marzo de 2015

Lavaderos de Alzira

Historia de los lavaderos en alzira

Creemos, y así parece que fue, que hubo lavaderos públicos en Alzira antes de los que comenta­mos hoy. En el Museo Municipal, su director, Agustín Ferrer, nos ha mostrado una fotografía donde se inauguraba uno de ellos; Isabel Albarracín, empleada del mismo, ha reconocido a alguno de los que asistían a la inauguración. Quizá fuera en la barriada de I'Alquerieta. Hoy describiremos los lavaderos que hemos conocido, que se situaban en cuatro puntos de la población. El primero en la barriada del Hospital, el segundo en la calle del Cid, el tercero en l'Alquerieta y el último en Les Barraques.

En el Pleno de la Corporación Municipal celebrado el 1 de julio de 1975, presidido por el alcalde Dr. Camilo Dolz, se trató de la supresión de lavaderos públicos, tras una encuesta practicada entre los vecinos sobre la utilización de estos servicios o si bien los disponían en sus domicilios. Ex­ceptuando los vecinos de Les Barraques, donde de momento era necesario el lavadero, el resto ya disponía de este menester.

Un poco de historia
La necesidad de construir un lavadero municipal nace con sólo considerar que en 1932 Alzira carecía de tal servicio, por lo cual, el ayuntamiento, percatado de la necesidad, "hace un pequeño esfuerzo económico, para conseguir su pronta puesta en servicio".

El arquitecto municipal, Juan Ríos Cogollos, diseñó el proyecto a realizar en una parcela del ayuntamiento destinada a jardines, detrás del hospital Santa Lucía. Tenían los terrenos 220 metros cuadrados y acceso por tres puertas. La subasta de las obras se llevó a cabo el 20 de octubre de 1932 y fueron adjudicadas al contratista Enrique Galán Puig por 18.407 pesetas, obras que el señor Galán entregaría terminadas un año después, en octubre de 1933.

El abastecimiento de agua para las balsas lavadero procedía de la perforación que realizó el “pouero” José Balaguer. El contrato especificaba que si encontraba agua antes de 15 metros le sería abonado a 65 pesetas el metro. De prolongarse hasta los 30, al mismo precio y si pasara de los 30, a razón de 75 pesetas hasta los 45 metros. No hemos encontrado documentación de hasta donde perfo­ró el señor Balaguer.

Lavadero numero 2
También el mismo año, 1932, Rafael Birlanga, vecino de Valencia, propietario de unas parcelas urbanas de las calles Figueras y Cid, renunció a indemnización alguna de estos terrenos para ser desti­nados a un lavadero público, cediendo los mismos al ayuntamiento. La superficie era de 227 metros cuadrados y el presupuesto de las obras ascendió a la cantidad de 32.560 pesetas. El contratista de las obras fue Agustín Caries, que las terminó en diciembre de 1934, habiendo comenzado un año antes. Hoy, el recinto donde se situaba el antiguo lavadero de la calle del Cid, lo ocupan los miembros de la falla Albuixarres-Cami Fondo.

Lavadero número 3 
En marzo de 1936, Joaquín Lacasta, propietario que fue de l’Hort del pararrayos, la desapareci­da casa de I'Alquerieta, cedía los terrenos de su propiedad para construir el lavadero público de l'Alquerieta. El proyecto lo diseñó Juan Guardiola, como arquitecto municipal interino, en septiembre de 1936. Su coste fue de 33.066 pesetas y fue a cargo de la Administración, puesto que las dos subastas que se llevaron a cabo se declararon desiertas. No sabemos si es que escasea­ban los contratistas, ya que nos encontrábamos en plena guerra civil. Como anécdota, señalar que el ayuntamiento solicitó al Ministerio de la Guerra materiales de construcción, principalmente cemento y hierro, dada su escasez, para la construcción del referido lavadero que se terminó el 23 de marzo de 1937.

Lavadero número 4 
En julio de 1937, el alcalde recibió una solicitud, firmada por los vecinos de Les Barraques en tinta roja, “en full de paper de barba”, en la que decía: "Camarada alcalde, los abajo firmantes, en represen­tación del vecindario del Arrabal de Santa María, solicitan la construcción de un lavadero municipal". Se construyó en la calle General Castaños, 13 y las obras costaron 4.936 pesetas. Las aguas para las necesidades de este lavadero procedía de la acequia de Toro que, después de pasar por debajo de la vía del ferrocarril, lamían el “sequer” de El Cano y por el lado del desaparecido matadero llegaba, bordean­do la barriada, a la partida del Ráfol, por el lado de la Serrería de Pardo; de allí tomaba el ramal de agua para el servicio del lavadero. En nuestros días, los lavaderos públicos de Alzira quedaron en el recuerdo de las señoras que los utilizaron durante muchos años y donde tantos “barrets” hicieron.

 Alfonso Rovira, 28.06.1992

Visto en: elseisdoble

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