viernes, 23 de noviembre de 2012

MURCIA / «Los lavaderos públicos eran una especie de casinos femeninos»


El historiador recopila en un estudio estos espacios vetados a los hombres «bajo pena de tres días de cárcel»

José Antonio Melgares es un investigador incansable. Licenciado en Geografía e Historia; académico de las Reales de la Historia y Alfonso X el Sabio; miembro de la Junta Rectora de la Asociación Española de Cronistas Oficiales; presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia; y autor de múltiples trabajos de investigación y divulgación, su último trabajo se ha centrado en los lavaderos públicos.

- ¿Por qué se le ocurrió hacer esta investigación?

- Éste es un tema, como tantos otros, que se refiere a actividades humanas que se pierden de la memoria de nuestra generación por haber caído en desuso. Soy consciente de que a nuestra generación corresponde dejar constancia al futuro de actividades tan importantes como la siega, la trilla o el desperfolle en el campo, la fabricación de la cal y el carbón en la sierra y tantas otras actividades económicas y sociales que, dentro de muy pocos años, no habrá nadie que recuerde. Este tipo de actividades llevaban asociados aspectos muy importantes desde el punto de vista etnográfico como la indumentaria, el folclore o la literatura popular.

- ¿Dónde existen actualmente lavaderos públicos? ¿Cuál es el que se conserva mejor?

- Quedan muchos. Pero se usan muy poco y acabarán desapareciendo víctima de la especulación del suelo. Unos han sido restaurados, como los de Ojós, Blanca, El Chaparral (Cehegín), El Calar de la Santa y Abanilla, éste último con muy poco acierto. Otros van a restaurarse, como es el caso del de Pliego. Y otros conservan su sabor añejo, como el de Barinas o el de Santa Leocadia de Totana. En otros sitios queda el recuerdo de lo que fue en algún topónimo urbano.

- Dígame el lavadero público que hubiese de mayor importancia arquitectónica, aunque no se conserve actualmente.

- El de Alhama, por ejemplo, era de dimensiones casi monumentales. Pero no hay que valorarlo por su estructura arquitectónica, cuya tipología es muy similar, sino por haber sido un lugar donde la mujer se encontraba libre de la presión social que siempre la acosó. Era una especie de casino femenino donde la mujer hablaba con libertad y se manifestaba como era en realidad. Además, era un mentidero local de excepción. Me refiero a una época en que la mujer pintaba muy poco en la sociedad civil.

- ¿Podían lavar los hombres?

- Los hombres nunca lavaron en público. Ahora sí que lo hacemos, pero en casa. Nunca un hombre tenía acceso al lavadero, e incluso hay ordenanzas, como las de Caravaca de 1548, que prohibían a los hombres incluso detenerse a mirar a las mujeres, bajo pena de 3 reales de multa y tres días de cárcel.

- ¿Hubo alguna regulación del concejo de algún pueblo sobre este tema?

- El lavadero solía ser municipal, y era el Concejo quien se encargaba de su mantenimiento. Las ordenanzas se referían al lavadero, prohibía lavados en otros sitios y señalaba horarios. Incluso hablaba de la colocación de las mujeres según el proceso de lavado.

Fecha: 02/12/2006



No hay comentarios:

Publicar un comentario