sábado, 9 de abril de 2016

El lavadero municipal de Móstoles


Hace unos meses me llegó la triste noticia de que el viejo lavadero municipal había sido destruido por unas obras que se estaban realizando en la plazuela en la que se ubicaba hasta entonces. Poco tiempo después pasé por allí en varias ocasiones y comprobé por mí mismo la veracidad de aquella referencia, dándome cuenta de que se trataba de una obra de remodelación cuyo resultado final nos producía desconfianza a muchos. Desde ciertos colectivos se denunció la destrucción de lo que consideraban el viejo lavadero. Nada más lejos de la realidad: con algunos testimonios orales y examinando fotografías aéreas del centro de Móstoles en los años ochenta, pude dilucidar que lo que había en esa plaza era una reproducción del auténtico lavadero, emplazado en el mismo lugar en el pasado; reproducción que se debió de colocar en los años noventa.

Os dejo fotos de la reproducción del lavadero y la plaza,
 antes y después de la remodelación aludida:

Evidentemente, la primera foto se ve más bonita, porque fue tomada en verano 
y la nueva en invierno, con lo que a la segunda le resta encanto la ausencia 
de sol y los árboles deshojados…¡a ver qué tal luce en primavera!

Las obras de remodelación han llegado a su fin y nos han dejado un espacio urbano más vistoso y agradable que antaño, colocando una nueva reproducción –poco fiel, eso sí- del antiguo lavadero, con dos esculturas de metal junto a él que representan unas lavanderas. En mi opinión, el conjunto ha quedado muy bonito y rinde así homenaje a las mujeres mostoleñas que durante tantas generaciones acudieron a esta instalación pública para lavar las prendas propias y las de su familia, reconociendo así, en el fondo, el importante papel que la mujer ha jugado siempre en la familia.

Y a continuación una reseña histórica sobre el lavadero municipal de Móstoles.

Desde que se construyó la Fuente de los Peces, a mediados del siglo XIX, se utilizaron las aguas sobrantes, conducidas por una cañería de plomo, para alimentar un lavadero que se situó en la periferia del pueblo, en la plazuela donde se juntaban las calles del Pradillo y de la Sierra (actuales de Agustina de Aragón y Reyes Católicos, respectivamente); desde entonces el lugar se conoció como La Charquilla –aunque hoy se le llama plaza del lavadero-, pues la obra consistía en una sencilla charca de pésimas condiciones. En 1882 se hizo necesario crear un nuevo cargo público, el del operario que se encargaba de formar y conservar aquella charca(1), y que se proveería por arrendamiento al mejor postor. Tres años después se reformó, bajo la planificación del arquitecto Enrique Rodríguez Sánchez, siendo ejecutadas las obras por el contratista Pedro Reyes Gómez; éstas ascendieron a 2.772,72 pesetas en total –y no 1.922,91 como decía Juan Ocaña(2)- y se dotó al lavadero con pilas debidamente separadas y un pilón grande después de aquellas(3). En 1890 se acordaba reformarlo de nuevo, suprimiendo el encajonado que tenía y dejándole con dos pilas(4).
A pesar de la utilidad de esta obra, muchas mujeres siguieron acudiendo a lavar las prendas de sus familias a la finca municipal denominada El Soto, pues allí encontraban abundantes aguas, tupidas praderas de césped en las cuales dejar secar las ropas, y resguardo bajo la arboleda de la finca –que las protegía del sol, las lluvias y el viento-; algo que no ofrecía el descubierto e incómodo lavadero.

En el siglo XX también fue reparado en varias ocasiones(5). En 1935 el ayuntamiento consiguió una subvención del Estado, consistente en un crédito de 11.939,82 pesetas, como ayuda del presupuesto de 23.879,65 pesetas que se había formado para la construcción de un nuevo lavadero(6). Éste consistiría en un edificio rectangular cubierto a dos aguas, cuya ubicación no se especificaba, que contendría en su interior, a los laterales, 30 pilas individuales con un grifo cada una, y una atarjea en el centro a modo de desagüe colectivo(7). El fabuloso lavadero no llegó a construirse, seguramente por haberse perdido el proyecto durante la Guerra Civil y no tener el consistorio fondos para ejecutarlo. En 1941 tenía el viejo capacidad para 40 lavanderas, y había recibido el ayuntamiento una subvención por parte de la diputación provincial el año anterior para arreglarlo(8).

Planos del lavadero proyectado en 1935

En 1956 se planteó el proyecto de un nuevo lavadero, que costaría 200.000 pesetas y para el que se solicitarían ayudas económicas a la Diputación Provincial de Madrid, aunque no parece que se llegase a ejecutar. En 1958 esta instalación se nutría de las aguas sobrantes de las fuentes existentes en el casco urbano, pero se le enganchó a la red general de suministro de agua potable(9).

Mostoleñas lavando sus prendas en el lavadero de La Charquilla, en 1965 (10)

En 1967 el consistorio aprobó la eliminación del lavadero público de La Charquilla, porque había perdido su utilidad al tener ya todas las viviendas y edificios agua corriente; aunque se suprimió la entrada y salida de agua, se respetaron los pilones y el caño, quedando dicho lavadero como recuerdo histórico y elemento ornamental de la plaza en la que se ubica; cuya ordenación, por estar en malas condiciones, fue encargada por el ayuntamiento al arquitecto municipal en 1969(11).

Visto en: historia-mostoles


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